Quererse tiene un método, no quererse también

Como cualquier otra meta, aprender a querer tu cuerpo necesita un plan.

Finalmente, para exitosamente no quererlo y formalizar una guerra directa con él, también hubo un plan, uno que no pediste. Pero, en el cual participaste. 

Cuando eras pequeña, tu cuerpo era un jardín de exploración, un vehículo para sentir; seguramente, jamás creíste que era inadecuado. Más adelante, lo pensaste cuando lo aprendiste. Ese aprendizaje fue el plan exógeno, no vino de ti, pero supo convencerte: te enseñó a no quererte.

Entraste en guerra con la comida, iniciaste dietas, te acostumbraste a hablar mal de tu apariencia, a compararte.

Sistemáticamente, las acciones sumaron.

Ahora bien, tu plan para quererte, también está compuesto por acciones y método. Quererse no está en las ideas. Está en las prácticas diarias.
Como mujer adulta, nadie puede imponer sobre ti un plan que tú no permitas. 

Así que, elige como te hablas cuando nadie oye.
Elige como atiendes y respetas tu hambre.
Elige el coraje de no iniciar una nueva dieta.

Pon en marcha un plan. Uno que te haga sentir bien, nadie más puede hacerlo por ti. 


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