El tipo de amor propio que más vale

No sé que pensar del amor propio. 

De ese que, tan frecuentemente, me hablan en las revistas. El amor propio de los masajes y de las charlas con amigas.

Sin duda, sé que una buena charla con una amiga me regala años de vida.

Pero el amor propio es más que eso.

Es trabajo.

Es, como dice un reconocido psicólogo, la reputación que tengo conmigo misma. Es lo que me veo hacer, día tras día.

¿Saludo amablemente? ¿Cómo le hablo a mi hijo cuando nadie escucha? ¿Cumplo mi palabra cuando digo que voy a hacer algo?

De observarme, surge una idea sobre mí.

Más allá de considerarme intrínsecamente valiosa, ¿cómo opero en el mundo?

Lo que veo de mí, según mi experiencia viviendo conmigo, es el eje de lo que creo de mí. Y lo que creo de mí, sostiene una apreciación de mi.

Entiendo que esta idea no se use cuando me quieren vender amor propio en forma de productos y servicios, pero no me engaño.
 
Un masaje es rico, pero mi reputación conmigo misma es mi destino.


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