¿Mi hija va a heredar mi lucha con la comida?

Frecuentemente, las madres se preocupan porque sus luchas con la comida sean un legado que sus hijos hereden.

No quieren transmitir el miedo a la comida, al hambre, el desespero de sentirse en una guerra que constantemente se pierde.
 
A las madres en esta situación les digo: una guerra no se transmite, si el adulto ha encontrado un relato coherente para los hechos de su propia infancia.

Al parecer, hacerlo puede prevenir el eterno legado de dolor que pasa de generación en generación. (Dan Siegel M.D. Mindsight)

Si ellas encuentran su relato autobiográfico y lo aceptan, el niño recibirá el fruto. Cuando el adulto saca a la luz su herida y trabaja con ella, esto se traduce en la conciencia suficiente para no trasmitir la misma ruptura.

El trabajo del adulto es darse a sí mismo, el cariño de comprender.
 
Por eso, nuestra labor es sacar del inconsciente las piezas y tejerlas de manera tal que podamos darle un sentido a lo ocurrido. Es un tipo de compresión que trasciende lo intelectual y relaja el cuerpo.

Así que, revisa en dónde aprendiste a restringir; sin duda, no es una idea que surge de un niño.
Anoto que, los adultos que nos enseñan a dudar del hambre y del instinto, no lo hacen con mala intención.
Ellos hacen lo que, a su vez, aprendieron como un camino de éxito, salud, felicidad.
Si tu madre te puso a dieta, lo hizo porque lo leyó del entorno, lo creyó importante. 

Ver las piezas haría parte del relato, de eso que aprendemos a ver con ojos amplios y comprensivos.
 
Veríamos también que, cuando un niño aprende a usar la comida para manejar emociones que no está preparado para regular, está empleando un mecanismo de supervivencia adecuado. Comprendemos lo ocurrido y damos las gracias, hay mucha sabiduría en nuestras estrategias para sobrellevar la vida cuando se siente como demasiado.
 
Si tienes miedo de que tus hijos sufran como tú has sufrido, te digo, ante todo, que necesitas darte el espacio para sanar. Sanar no quiere decir tenerlo todo resuelto y sentirse de maravilla todo el tiempo. No significa saber comer intuitivamente y que jamás se asome el estrés en tu relación con la comida.
 
Sanar es aprender a mirarnos con cariño.
Lo vemos todo, lo que pasó antes, lo que pasa ahora y sabemos que, nada es ilegítimo.

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