La práctica de adultar en la cuarentena

La cuarentena ha sido una oportunidad para adultar.

Así le llamo a la práctica de volverse adulto, de llegar finalmente a una adultez que rara vez vemos en la mayoría de adultos. Le llamo práctica porque volverse adulto es un andar, algo que se practica. Uno logra la adultez en la mañana y en la tarde está de nuevo haciendo pataleta. 
 
Muchos adultos, sabemos trabajar, pagar impuestos, atender nuestros asuntos. Eso está bien, pero hablo de otra cosa. Adultar es asumir y respetar la totalidad de nuestra realidad. Adultar es no reaccionar desde las heridas de la infancia. Es no evadirnos, no aletargarnos.
 
Desde lo pequeño, la cuarentena me ha servido para adultar en la organización que hemos tenido, mi esposo y yo, con el mercado y la preparación de la comida.
 
Desde lo grande, la cuarentena me hace responsable de mi estado mental. Yo soy la encargada única de mi salud mental por estos días (siempre es así, pero en la “normalidad” es más fácil esconderse). La cuarentena no deja nada oculto. Tú verás cuántas noticias ves, si sabes ponerle limite a la información externa, si permites que la ansiedad te desgaste, si no cuidas el sueño, si no te tratas con la inteligente suavidad de la autocompasión.
 
Así practico una adultez más responsable. La cuarentena revela lo que ya había previamente, pero no vemos porque nuestra “normalidad” está hecha de distracciones y de entretenimiento.
 


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